12. mar., 2016

SOÑANDO, SOÑE QUE SOÑABA....

                                                                                                      Conocimiento, Renacimiento y Evolución.                             

 

Hay un terreno común para los místicos, independiente de su tradición, cultura y geografía; la expresión poética

 

 El éxtasis del viaje es una experiencia rebosante de sentimientos, símbolos y metáforas igual para los giróvagos sufís, los gnósticos cristianos, los monjes budistas o que para brujos y chamanes de cualquier tradición. En la cima de la pirámide nos encontramos Todos. Las creencias y religiones nos separan pero la experiencia espiritual nos une. Se puede ascender por cualquier cara de la pirámide, por cualquier vía, pero desde arriba la visión es total, colosal,  cenital.

Sri Aurobindo ascendiendo por la vía del Yoga nos habla directo al corazón: en pos de la LUZ, la mente busca dirección en el Vacio. En el mundo de las apariencias las formas nos confunden. En el laberinto del Misterio, la vida se torna búsqueda. Donde habitan los deseos jamás colmados y la insatisfacción. Emerge una Visión Intuitiva y la promesa de una vida más grande. El SOL (yo) es el Espíritu que busca su propio Ser profundo, un sentido entre las misteriosas formas…

Poder en Calma. Secreto. Magia. Voluntad. Silencio.

Nos propone un reto, una exploración. Sugiere plásticamente  en definitiva, sensitivo y sensual, una Vida Superior, centrada en la pasión de la llama del corazón. Donde los enigmas se desvelan en plena ascensión de los reinos de la ignorancia. Sugestivo, innovador, inspirador, nos contagia de su Visión y aceptamos la Comunión en la búsqueda del Alma de la realidad perdida…

 

 

“En este mundo hay muchos mundos” y cada forma de vida percibe según sus sentidos una realidad diversa y mutable. ¿Qué tiene que ver el mundo de la laboriosa hormiguita, con el mundo de la majestuosa águila o el habitat del simpático e inteligente delfín? Compartimos el espacio Tierra con todas las formas de vida, pero nuestra realidad es muy distinta y diversa.  Y entre los humanos;

 ¿ qué realidad comparten un bróker neoyokino , un campesino thailandes, o un devoto giróvago  derviche?

El hombre ha descubierto además, en su incansable búsqueda,  y espoleado por esa fuerza que es su curiosidad innata, que  sus sentidos le engañan, y que nada es lo que parece y que vivimos en un mundo de apariencias,  en un laberinto de espejos, de reflejos y proyecciones… La Realidad, como la Verdad, se escabulle y se esconde en una maraña de planos superpuestos, como el agua entre los dedos de las manos, se nos escapa.  Pero lo que si sabemos y comprobamos generación tras generación, es que venimos a este mundo con un chip incorporado, una fuerza innata y universal;  la curiosidad, el afán por conocer. Y viene de fábrica, lo traemos todos,  buscamos y rebuscamos arañando pequeñas parcelas de conocimiento…si venimos con ese instinto, con esa fuerza es porque hay un “secreto” un misterio por ser desvelado…   

 La Naturaleza Humana es muy compleja, con distintos cuerpos (físico-emocional-mental-espiritual) relacionándose en un solo cuerpo, como el mundo que nos sostiene, a distintas frecuencias vibracionales corresponden distintos planos de conciencia, y todo ello en un movimiento Eterno en un proceso mutable y evolucionando… En medio de ese juego de realidades, universos y planos de conciencia según frecuencias; La Muerte.

Cuando tenemos un sentido transcendente de la Vida, y la muerte constituye solo un tránsito, consideramos que El Alma Humana en su DESPERTAR, en su peculiar viaje de regreso hacia la Fuente, va renaciendo en sucesivos cuerpos terrestres, en lo que se conoce como la Rueda del Samsara, ciclos de nacimiento, muerte y encarnación. Así vamos comprobando como; La vida es sueño…la muerte es el principio…mi reino no es de este mundo. Matrix, Maya, ilusión. El más Allá, el paraíso perdido, los cielos y los infiernos.

 La humanidad en el devenir de los tiempos ha ido construyendo mitos, cuentos y leyendas fantásticas para explicarse los misterios, y ha creado dioses de todo tipo a lo largo de su recorrido. Pero hay una idea que subyace a todas las tradiciones, y es consubstancial a la reencarnación, la idea o Ley Karmica, un sentido de equilibrio universal; los Herméticos hablan del principio de acción-reacción, una Justicia Cósmica o Divina. Creado a imagen y semejanza del Gran Arquitecto Universal, en medio de su naturaleza animal y bajo toda la presión de sus instintos, deseos, pasiones y miedos, el humano habría sido dotado y poseería cierta capacidad de elegir y discernir, en libertad. Detrás de todas las reacciones primarias el llamado Libre Albedrio; un principio de Responsabilidad, una cierta capacidad de elección, mínima, pero real. Siendo así,  creadores de nuestro Destino, una suerte de pequeños dioses en proceso de Crecimiento.

 

 

                

 

 El Hombre primero intuye y luego descubre que hay vida más allá de la muerte, y tras ella y antes del postrer renacimiento habita y toma conciencia de otros planos de existencia más sutiles. En ese intervalo entre vidas, necesario y útil para la asimilación y el desarrollo evolutivo, el Alma según el nivel de conciencia alcanzado, o despertar, haría una suerte de Balance o Juicio (Final?) y Revisión; una suerte de autoevaluación diríamos ahora, y asistida por personalidades de Orden Superior (Angeles, Guias, Aliados, Amparadores…) prepararía la vuelta al arduo trabajo del DESPERTAR en la TIERRA, trayendo conciencia a la materia, y siguiendo un plan divino, cuya consecución; crear El Cielo en La Tierra, elevar  la vibración del Planeta, del COSMOS de este UNIVERSO,  así el Alma individual cumplido su destino-misión y transcendiendo ya la necesidad de renacimiento podría retornar a su Fuente Eterna.